Lo que te hace sexy


La primera vez que recuerdo haber escuchado la palabra “sexy” fue en un anuncio que se repetía en la televisión local en los años 80: una reconocida marca de vehículos le añadió esta característica al modelo que promocionaban. Se abría la puerta y salía una mujer de piernas largas usando tacones con un vestido corto ceñido y sus labios rojos. Acto seguido, el locutor se refiere al carro como un "sexy tercel".

Para esos tiempos, también observaba en vídeos musicales a Whitney Houston y Madonna. Las encontraba hermosas. Al ser una niña, parecían muñecas gigantes que cantaban y bailaban con su cabello voluminoso y maquillajes a todo color. Al observarlas vestidas como la modelo del anuncio del carro, las identificaba igual: sexy.

Al ser criada en un hogar conservador, crecí con una connotación negativa de dicha palabra, ya que mis padres la utilizaban para decir la vestimenta de una mujer era muy reveladora o de mal gusto. Y yo siempre me sentí atraída por las cosas que ellos no me permitían utilizar: bikinis, botas altas con tacón, maquillajes de colores llamativos, accesorios grandes, camisas cortas y trajes ceñidos.

En la actualidad, aplico este adjetivo de manera positiva a personas, música u objetos. Porque cuando decimos que alguien es deseable, a veces no encaja en descripciones físicas ni tiene que ver con su ropa o manera de arreglarse. Entonces ¿qué es lo que te hace sexy ante los ojos de otra persona?

Tu cerebro

Conversar con una persona que tiene visión de mundo, mentalidad abierta para tocar temas incómodos, que lee sobre temas variados y que despliega inteligencia emocional o académica, te hará un imán para otros, más que la ropa que lleves puesta.

La manera en que te comunicas

Procura que tu comunicación sea asertiva. Escucha a los demás sin interrumpir su línea de pensamiento, y haz preguntas que demuestren interés sobre lo que dice la otra persona. Recuerda también que la forma en que te proyectas, tu postura, lenguaje corporal y gestos faciales, dicen más de lo que comunicas verbalmente. Practica el autocontrol y ensaya posturas o gestos de ser necesario. Observa vídeos de personas que admiras y aplica lo que creas que funcione en ti.

“Self disclosure” o apertura de tu vida personal

Aunque compartir tu historia con tus seguidores los lleva a conocerte mejor, procura que tus redes sociales reflejen lo que deseas que otros sepan de ti. Si revelas demasiada información, te desahogas públicamente en esos foros o parte de tu contenido son fotos que pondrían en entredicho la reputación que deseas crear para ti misma, esto también podría afectar la percepción de quienes te observan. Recuerda que una vez publicado, no tienes control sobre el alcance de lo que hayas expuesto.

Tu autoestima

De seguro puedes pensar en algún ejemplo en el que tú o alguien conocido, haya hablado negativamente de otra persona. Esto dice más de ti, que de la persona de la que hables. Una autoestima saludable se refleja cuando te sientes tan a gusto contigo misma que no necesitas compararte a nadie más. También, provee la oportunidad para que cuando alguien haga algo que admiras, elogies a la persona. Conductas como hablar o mirar de manera envidiosa, tratar de sabotear la credibilidad de otras personas y hacer comentarios sarcásticos o de humor negro, no tienen lugar cuando eres una persona segura de ti.

Demostrar inseguridad en tus decisiones

¿Recuerdas ese momento en el que por pensar demasiado si hacías algo o no, terminaste haciendo nada? No hablaste cuando debiste hacerlo, no te presentaste ante una persona que hubiese sido un buen contacto de negocios o personal, o no cantaste tu canción favorita en el karaoke. Lo único que te detuvo en cualquiera de estas situaciones, fue el miedo. El que muestres seguridad, aún cuando estés en el proceso de aprender algo impulsa a otros a sentirse en confianza cuando te acompañen. Como dice el dicho, “busca algo que te dé temor hacer y hazlo de todos modos”.

Higiene general (personal, vehículo y hogar)

Luces espectacular, te arreglas como realeza, pero cuando te visitan, tu apartamento parece una zona de desastre. Recuerda que la higiene no solo se limita a nuestro cuerpo, sino también a nuestro hogar y vehículo. De seguro prefieres no recordar a esa persona que tanto te gustaba, hasta que fuiste a su baño sucio o a su cuarto que parecía un basurero. Lo mismo aplica a nuestro aliento y olor corporal. Aunque bien es cierto que los olores y gustos de las personas pueden variar, en general debes mantener buena higiene para no desagradar quienes te rodean.

Ropa, zapatos, accesorios y arreglo personal

A medida que vas conociendo tu cuerpo y tus gustos, experimenta con colores, patrones o texturas que te hagan sentir bien. Cuando te vistes con ropa que no es de tu tamaño, zapatos demasiado incómodos o utilizas accesorios, o arreglo personal, que no se adapta a tu comodidad, se refleja en cómo te comportas y proyectas ante quienes te acompañan. Para escotes existen varios accesorios como cintas adhesivas para ropa, calcomanías para tapar ciertas áreas y variedad de lencería que no se nota con vestimentas transparentes o escotes. Lo mismo con los zapatos. Hay plantillas para adaptarlos en el área que te moleste. Muestra lo que desees, pero que no te cueste tu comodidad y el sentirte bien con lo que lleves.

Aunque nuestra atracción inicial hacia una persona puede ser basada en algo físico, sabemos que si no hay otra conexión, probablemente su duración sea temporera. Tus habilidades y cualidades son atractivos que puedes continuar desarrollando de por vida. Continúa aprendiendo y rodéate de personas que te hagan crecer y celebren tus logros. Aún en la intimidad de tu hogar, cosas sencillas como la música a la que bailas libremente cuando estás sola, soltarte tu melena luego de llevar toda la semana con un moño o caminar desnuda por tu casa. Saborea esos pequeños momentos en los que tú misma celebres tu nivel de “sexiness”. Amate, celébrate y que se te note lo “sexy” que te sientes.

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