Señora


Hace un tiempo atrás, mientras diseñaba una presentación de motivación solicitada por un cliente corporativo, encontré una cita en inglés que utilizo cuando me enfrento a situaciones nuevas. Decía, “¿cuándo fue la última vez, que hiciste algo por primera vez?” En ese momento, pensé en el momento en el que decidí hacer “sky diving,” para que nadie me contara. También, vino a mi mente las instancias en las que he aceptado alguna tarea profesional, para la que he sentido el temor de que mi audiencia sea más conocedora o experimentada en el tema que voy a traer, que yo, pero que he decidido hacerlo de todos modos. No recuerdo en cual de las tantas entrevistas o documentales que disfruto observar, aprendí que el personaje presentado en “Catch me if you can”, no era una persona versada en todos los roles que personificaba, más bien él mismo expresó que simplemente estaba un paso más adelantado que las personas a las que iba a presentar.


Tengo 30 y pico de años, una edad fantástica porque, aunque sigo cometiendo errores, son menos que los que solía hacer en mis 20. En ese entonces, la mentalidad era, “todavía me queda tiempo”. El encerramiento de este pasado año no solo ha cambiado la vida de todos, si no que me encuentro haciendo cosas que cuando las observaba para mí eran propias de una “señora”. Cosas que en mi mente las haría después de los 60 o cuando hubiese tiempo.


Algo que el año 2020 impuso sobre todos nosotros, fue el establecer prioridades. Ahora el tiempo que invertíamos en cosas que eran parte de nuestra rutina, se limitaba al hogar o a frecuentar los lugares en horarios y circunstancias limitadas. Ya el estrés que nos imponía la rutina diaria, había sido sustituido por patrones de sueño alterados, hacer de nuestro hogar el lugar en donde hacemos casi todas nuestras actividades profesionales y en verle la cara a nuestra pareja más que lo que alguna vez imaginamos, para bien o para mal.


Un día mirando con calma las frutas y vegetales en el supermercado, pensé en que tal vez era mejor idea comprar una planta que pudiera continuar produciendo algunas de las especias que consumo con frecuencia, como la albahaca y cilantro. Me llevé ambas plantas para mi apartamento y cuidé minuciosamente de ellas por meses. Estaba pendiente de que tuviesen buena iluminación, agua y hasta trasplantarlas de su tiesto original, cuando crecían. De repente esto requería una atención y paciencia que no había experimentado con otras actividades. Velar por que no estuviesen demasiado expuestas al sol, que no tuviesen demasiada agua, quitarle las hojas muertas y cambiarlas de lugar según el clima. Me emocionaba verlas crecer y poder usarlas en los alimentos que preparaba. Hay algo mágico en cultivar y recoger la cosecha que se ha sembrado, por poca que sea. Me sentía agradecida con la oportunidad de cuidar y proteger algo externo a mí. Admito también que disfruté el meter mis manos en la tierra, alimentar a estas plantas con abono y verlas crecer.


Mirando actividades que pudiera hacer con mi pareja durante los fines de semana, encontré un curso básico de hacer tiestos en cerámica. Claro que mi primer pensamiento, fue pensar en la famosa película de los 90, “Ghost.” ¿Quién puede olvidar la escena en la que la pareja protagonista amasa un pedazo de barro enorme, él arropándola con sus brazos, sus manos encima de las de ella, mientras se escucha en el fondo la canción de “oh my love” y ambos se pierden en ese momento en el que la tarea de hacer una vasija, termina en una escena apasionada? Lo que no sabía era el placer que provee el tocar y estilizar un pedazo de cerámica, dando vueltas en una base con un pedal en el que, de solo perder el contacto, o presionarla demasiado, la forma original puede dañarse por completo. Aún así, cuando tienes que botar tu pedazo de cerámica a la basura porque se haya dañado, hay un gran sentido de satisfacción en el proceso.


No puedo explicar el placer que se siente, no solo en crear algo de la nada, pero en las técnicas que son necesarias para que sea exitoso lo que se pretende llevar a cabo, en este tipo de arte. Tienes que tener la mente abierta para ensuciarte la ropa, manos y zapatos. Saber que constantemente debes mojar tu pedazo de barro con agua, para que no se endurezca. Aprendes a manejar la velocidad del pedal que mueve a la máquina en rotaciones circulares, porque la velocidad es crucial en el manejo de la masa. Sobre todas las cosas, hay que tener una visión sobre qué deseas y tener el tacto perfecto para no ser demasiado fuerte presionando la masa de barro, porque puedes romper tu creación en cuestión de segundos.


Más allá de los días eternos en pijamas de la cintura para abajo, de los moños despeinados y los cafés innumerables balanceados con una copa de vino por las noches, de la creatividad para mantenernos activos físicamente en un espacio limitado y de las negociaciones sobre a quién le toca alguna tarea en el hogar, este año vino para incomodarnos.


Ahora cuando me dicen “señora,” no me molesta. Ahora hago cosas propias de lo que en mi mente pensé que haría después de los 60 y tantos. La verdad no creo que de alguna otra manera hubiese podido explorar nuevas habilidades, trabajado en profundizar asuntos sobre mi misma y mi relación de pareja, estrechado mis lazos familiares y de amistades y sacado a la luz varios proyectos profesionales que deseaba culminar.


Al final del día, alguna de las cualidades esenciales que desarrollé durante este tiempo requirieron la paciencia de ver crecer una semilla, hasta convertirse en una planta lista para dar fruto. Una organización rigurosa de mi rutina, para cumplir con los materiales y personas necesarias para desarrollar mi creación. Modificar mi manera de pensar sobre cómo creía que podía ser algo y percatarme al hacerlo, que en otro momento no hubiese experimentado tan siquiera intentarlo, por creer saber cómo son las cosas desde afuera, en lugar de “ensuciarme” las manos en el proceso. He agradecido y valorado enormemente la confianza de desconocidos que han abierto su corazón, para trabajar su desarrollo personal y el mejoramiento de su vida sexual, mientras ellos mismos me muestran lecciones que no contemplaba en el camino.


Hay pequeños placeres en la rutina diaria, que nos conectan con la naturaleza y el sentido de cuidar de algo. Puede ser a través de una mascota, sembrar plantas o hasta tomar unos rayos de sol mientras caminas o te sientas en el balcón a tomar tu taza de café. Aún si te encuentras en tu espacio de trabajo personal en el hogar u oficina, puedes utilizar olores agradables como los difusores de aceites esenciales, velas o flores naturales. Si ahora dispones de unos minutos adicionales en el baño, utiliza jabones o algún gel de baño que te de placer olfatear y utilizar en tu piel. Usa esa crema para humectar tus piernas, manos y resto del cuerpo. Ponte esa ropa que compraste para una ocasión “especial”, que aún no se ha dado. Muévete todos los días y honra a tu cuerpo estirando, fortaleciendo, bailando o alimentando mejor tu sistema. No esperes al cumpleaños o a cualquier fecha especial para decirle a alguien cuán importante es en tu vida o para agradecer lo que otros hacen por ti. Ábrete a explorar los asuntos que te causan resistencia. Conecta con tu interior, tu cuerpo, la naturaleza y el aprendizaje que te provee lo que estás experimentando ahora. Aprende a moverte de modo ejecutorio hacia modo satisfactorio.


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